Agustina Fainguersch

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Su aplicación puede proporcionar un diagnóstico de VIH para las personas que más lo necesitan.

Una de cada cinco personas entre 15 y 49 años está infectada con el VIH en Sudáfrica, que es la tasa más alta del mundo. Las posibilidades de contraer el SIDA son, por lo tanto, altas. Es necesario un diagnóstico correcto y oportuno, no solo para iniciar un tratamiento que pueda prolongar la esperanza de vida de la persona infectada, sino también para advertir a las personas que puedan estar en contacto con sus fluidos de los riesgos involucrados, para que luego puedan tomar las medidas apropiadas. medidas profilácticas. Una epidemiología gerencial adecuada requiere campañas periódicas de detección de diagnóstico de la población general o, cuando menos, un fácil acceso a dichas pruebas cuando sea necesario. En un entorno empobrecido, ambas situaciones son problemáticas.

Agustina Fainguersch de Argentina intenta resolver este problema con Muzi, una plataforma que consiste en kits de diagnóstico de bajo costo, teléfonos móviles y un programa de incentivos. El uso de esta combinación significa que las personas pueden hacerse la prueba sin tener que hacer largos viajes, y tampoco son víctimas del estigma social. 

Muzi surgió de la época de Fainguersch en Singularity University (EE. UU.), Donde el ingeniero informático argentino conoció a su futuro socio comercial, un médico sudafricano. La joven explica cómo ambos compartieron el mismo objetivo: "resolver problemas de diagnóstico con tecnología". La idea que se les ocurrió es simple: aprovechar la portabilidad que ofrece la tecnología de teléfonos inteligentes para obtener el diagnóstico de VIH en clínicas centralizadas.

Con la aplicación Muzi, el diagnosticador ingresa el número de teléfono de la persona a la que se va a diagnosticar y el código de la prueba que van a realizar. La persona que se somete a la prueba recibe un mensaje en su móvil, al que tienen que responder para dar su consentimiento y confirmación de que la prueba se ha realizado. Luego, el diagnosticador realiza la prueba, que está disponible comercialmente, y la aplicación lee el resultado, sin permitir que ninguna de las partes acceda al resultado en ese momento. La información solo se da al usuario de forma privada para proteger su privacidad.

Fainguersch y su socio continúan perfeccionando el producto en base a los comentarios de sus pruebas piloto, así como de los inversores y las organizaciones interesadas en utilizar la aplicación. La joven explica: "Hoy llevamos a cabo ensayos que llevarán a asociaciones con clínicas, cuyos técnicos son los que salen a la calle para hacer los diagnósticos". Ella espera que el siguiente paso sea poner la tecnología a disposición del público, de modo que, a través de un sistema de incentivos, la cantidad de personal dedicado a esta causa aumente exponencialmente y llegue a toda la población. Ella también está planeando expandir el rango de enfermedades diagnosticables. Fainguersch explica: "Estamos en conversaciones con un grupo médico que está muy interesado en implementarlo para la hepatitis C".

via MIT Technology Review